DE LA SEGREGACIÓN, AL CÁNCER

Hay algo en el cáncer que nos mata, incluso si no lo tenemos, su sola mención, es como una invocación de la muerte.

Las personas que han sobrevivido a él, nos relatan actos casi heroicos o milagrosos, esfuerzos, sobrehumanos incluso, algunos nos platican como la medicina occidental, les fue suficiente en su manejo y tratamiento, pero otros llevan a cabo terapéuticas paralelas para su curación.

Sea como fuere, el cáncer es un problema de salud pública, un problema que se debe a un cúmulo interminable de causales, a pesar de que la genética está asociada a la aparición de algunos tipos de cáncer, tenemos una lista enorme de supuestos culpables de tan temible enfermedad.

Por un lado, el boom del cáncer está aparejado con la decreciente manifestación de otras enfermedades que se cobraban víctimas hace menos de 100 años, la tuberculosis, la difteria, la viruela, eran el pan de cada día de nuestros abuelos, enfermedades que nosotros quizás no hemos conocido, pero que están en las memorias de generaciones anteriores a nosotros, en una memoria atemporal; un conjunto de seres (células, humanos) que forman parte de un lapso espacio-tiempo y que comparten una referencia y quizás un recuerdo común, además tienden a reproducirse de una forma determinada y determinante en las sucesivas generaciones.

En nuestra memoria hemos sido partícipes del desarrollo de nuevas habilidades, de nuevas capacidades y lo mismo han hecho cada una de nuestras células, incluso en nuestro tejido social, el aprendizaje puede darse por dos medios básicos, la opulencia y la carencia, de tal forma que nuestras enfermedades se deben a estos mecanismos de administración de recursos, mientras la opulencia tiende a almacenar recursos, la carencia se vale de todos los medios posibles para hacerse de ellos, nuestro propio cuerpo da cuenta de ello, tenemos innumerables padecimientos en este siglo relacionados con la opulencia, como la diabetes, la hipertensión, el síndrome metabólico, y otros relacionados con la carencia, la anemia, la desnutrición etc...

Sin embargo ¿qué tiene que ver esto con el cáncer? pues tiene que ver mucho, siempre me he imaginado a las células cancerígenas como células que fueron segregadas, aisladas y privadas durante mucho tiempo de un entorno sano de crecimiento, como lo que hacemos hoy con nuestros pobres que habitan en ciudades perdidas, en ghettos, en favelas, privados del acceso a recursos, de códigos de ética, de códigos de responsabilidad, hasta que sucede lo peor, carentes de todo código y alejados de cualquier posibilidad de un desarrollo sano, empiezan a formar bandas, pandillas, se agrupan entre sí para hacerse de recursos; hambrientos, solo piensan en el despojo, su filosofía es y será morir o matar, su única posibilidad de crecimiento y desarrollo invadir el tejido vecino y saquearlo, forman bandas satélites, canales de suministro para ejecutar sus planes, hasta que poco a poco los antes segregados, asfixian y matan a su huésped, se vuelven entonces los opresores de un sistema que los segregó, que los marginó, que los empujó a tal crimen, porque les cortó toda posibilidad de desarrollo y creó una forma más efectiva de supervivencia, a costa del derrumbe del tejido social entero.

Así son de aterradoras las formas que la vida tiene para abrirse camino, la inmortalidad de estas células solo depende del sostén de aquel que las empoderó para hacerse asesinas, y quizás no fue el enfermo quizás fuimos todos...

Comprender que los mecanismos que nos llevan al colapso son los mismos que nos hacen efectivos, nos ayudará a cambiar nuestra visión de tratamiento de muchas enfermedades asociadas a nuestro resplandor y nuestro avance a pasos agigantados, pero con un coste igual de enorme...

 

BRENDA RODRÍGUEZ

PRESIDENTE GIAB A.C.

 

 

 

 

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